
La beligerancia o la intervención por el cual una equis persona influye sobre una tercera o terceros, es o son actos comunes en las relaciones interpersonales, esto entonces no sería un problema, pero ¿cuando podría señalarse como un problema la actitud de la beligerancia?, cuando su condición, considerada necesaria traiciona la relación medios-fines.
Contextualicémonos, no vamos a llevar al extremo a la condición beligerante diciendo que es contraproducente el grado de influencia que toda persona desde un plano de mando, autoridad potestad etc., que la ejerce, generará una acción contraproducente por parte de aquellos que la reciben, donde éstos de una u otra forma se verían coartados, condicionados y ya exagerando, de alienados de sí mismos por tales prácticas beligerantes.
No estamos diciendo eso, sino que sólo queremos señalar su justificación es decir, de cuando es necesario actuar bajo la condición de la beligeración y qué logro se logrará bajo la misma.
Esto requiere tener muy en claro la relación medios-fines puesto que si adquiero tal actitud lo hago bajo ciertas premisas de las que me he apropiado y las considero valederas. Por ejemplo, en la esfera de la educación ciertos aspectos beligerantes encontramos en tales palabras como, guiar, mostrar, inducir, direccionar, enfatizar, insistir etc., todas estas premisas que utilizo en pos de lograr ciertos fines que serían el educar, enseñar, formar, iniciar, etc.
Es decir, uno concientemente se apropia de la actitud beligerantes porque justificada por loables aspectos bien la valen, por lo que la beligerancia ya está justificada a modo de método presente, junto a otros espacios, el educativo.
Por lo que sin temor a la equivocación puedo hipotetizar lo siguiente: los ámbitos educativos son beligerantes, donde el docente alma mater del sistema debe enseñar, mostrar y evaluar lo aprendido, que es aquello captado por sus alumnos, estudiantes o aprendices, y agregamos, ese docente determina cómo enseña, en algunos lugares qué enseña e íntimamente quien enseña.
Nadie o casi ningún docente sea de la rama que sea negará que en las escuelas del sistema educativo a las que pertenecen sean privadas o públicas no se proceda de la manera recién descripta en su generalidad.
Ahora, ¿se procede así porque el sistema así lo exige?, ¿el sistema me exige beligerancia? pero ¿acaso no hay una brecha en lo que el sistema me exige y lo que yo adopto?, por lo que surge una primera sospecha, el sistema en este aspecto es mantenido por cada docente desde la institución donde se desempeña.
Esto no sería en modo alguna ninguna declaración conflictiva y sin embargo en este punto emerge una cuestión un tanto controversial ya que muestra cierta condición oscura, presente en los siguientes términos: función y prejuicio. La función y el prejuicio del docente.
La función ya la hemos señalado y el prejuicio ¿cómo se manifiesta?, hallamos prejuicio cuando un docente se piensa acerca de sí mismo como alguien comprensivo, cuestionador, crítico, autocrítico, que sabe, que es autónomo, que conoce, que sabe hacer conocer, pensar y estimular la inteligencia. ¿No hay cierto sesgo beligerante acerca de ese sí mismo?.
Por lo tanto, no hay o se ejerce una beligerancia como medio sino como fin, en otras palabras, no se ejerce la beligerancia como una opción sino que se la practica desde la no opción, uno no decide porque no opta, no hay opción y por lo tanto se la debe justificar como medio.
Y he aquí el mayor de los peligros que involucra esta justificación, lo oculto, la condición oculta del enemigo.
Lo que está oculto no puede ser identificado y desde ese espacio de la no identificación desde lo oculto es que se ejerce la acción, ahora, lo oculto no es lo que debo identificar sino lo que se oculta en su espacio, y ese es el enemigo, por lo que una acción precisa y concreta es la desocultación de lo oculto y allí ver en toda su condición al enemigo, desocultar al enemigo.
Y así será posible limpiarse de él, precisar al enemigo el desocultarlo y desde allí la acción de la asepsia.
¿Y cuál es el enemigo?....
El colmo de la beligerancia sería decir cual es……
Contextualicémonos, no vamos a llevar al extremo a la condición beligerante diciendo que es contraproducente el grado de influencia que toda persona desde un plano de mando, autoridad potestad etc., que la ejerce, generará una acción contraproducente por parte de aquellos que la reciben, donde éstos de una u otra forma se verían coartados, condicionados y ya exagerando, de alienados de sí mismos por tales prácticas beligerantes.
No estamos diciendo eso, sino que sólo queremos señalar su justificación es decir, de cuando es necesario actuar bajo la condición de la beligeración y qué logro se logrará bajo la misma.
Esto requiere tener muy en claro la relación medios-fines puesto que si adquiero tal actitud lo hago bajo ciertas premisas de las que me he apropiado y las considero valederas. Por ejemplo, en la esfera de la educación ciertos aspectos beligerantes encontramos en tales palabras como, guiar, mostrar, inducir, direccionar, enfatizar, insistir etc., todas estas premisas que utilizo en pos de lograr ciertos fines que serían el educar, enseñar, formar, iniciar, etc.
Es decir, uno concientemente se apropia de la actitud beligerantes porque justificada por loables aspectos bien la valen, por lo que la beligerancia ya está justificada a modo de método presente, junto a otros espacios, el educativo.
Por lo que sin temor a la equivocación puedo hipotetizar lo siguiente: los ámbitos educativos son beligerantes, donde el docente alma mater del sistema debe enseñar, mostrar y evaluar lo aprendido, que es aquello captado por sus alumnos, estudiantes o aprendices, y agregamos, ese docente determina cómo enseña, en algunos lugares qué enseña e íntimamente quien enseña.
Nadie o casi ningún docente sea de la rama que sea negará que en las escuelas del sistema educativo a las que pertenecen sean privadas o públicas no se proceda de la manera recién descripta en su generalidad.
Ahora, ¿se procede así porque el sistema así lo exige?, ¿el sistema me exige beligerancia? pero ¿acaso no hay una brecha en lo que el sistema me exige y lo que yo adopto?, por lo que surge una primera sospecha, el sistema en este aspecto es mantenido por cada docente desde la institución donde se desempeña.
Esto no sería en modo alguna ninguna declaración conflictiva y sin embargo en este punto emerge una cuestión un tanto controversial ya que muestra cierta condición oscura, presente en los siguientes términos: función y prejuicio. La función y el prejuicio del docente.
La función ya la hemos señalado y el prejuicio ¿cómo se manifiesta?, hallamos prejuicio cuando un docente se piensa acerca de sí mismo como alguien comprensivo, cuestionador, crítico, autocrítico, que sabe, que es autónomo, que conoce, que sabe hacer conocer, pensar y estimular la inteligencia. ¿No hay cierto sesgo beligerante acerca de ese sí mismo?.
Por lo tanto, no hay o se ejerce una beligerancia como medio sino como fin, en otras palabras, no se ejerce la beligerancia como una opción sino que se la practica desde la no opción, uno no decide porque no opta, no hay opción y por lo tanto se la debe justificar como medio.
Y he aquí el mayor de los peligros que involucra esta justificación, lo oculto, la condición oculta del enemigo.
Lo que está oculto no puede ser identificado y desde ese espacio de la no identificación desde lo oculto es que se ejerce la acción, ahora, lo oculto no es lo que debo identificar sino lo que se oculta en su espacio, y ese es el enemigo, por lo que una acción precisa y concreta es la desocultación de lo oculto y allí ver en toda su condición al enemigo, desocultar al enemigo.
Y así será posible limpiarse de él, precisar al enemigo el desocultarlo y desde allí la acción de la asepsia.
¿Y cuál es el enemigo?....
El colmo de la beligerancia sería decir cual es……


